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Sábado, 04 Enero 2020 16:58

Crítica de la serie DRÁCULA (Netflix, BBC). Un clásico adaptado a todos los tiempos: El mal nos persigue y está en nosotros, de uno mismo depende la liberación

Escrito por  Publicado en Críticas Series 2020-2021

 "Matar es una competición sana, la misericordia es una falta de respeto"


Drácula está hecha desde una perspectiva novelesca, un punto teatral y sobreactuado en unos primeros momentos con ese drácula paupérimo que, por nuestras manías personales, ya no nos cuadra. NO OBSTANTE, en cuanto empieza la eclosión de su juventud nos transportamos a las delicias aromáticas de que la serie va exhalando. Una ambientación acorde a la elegancia del conde donde el deleite reside en lo ínfimo: un gesto una mueca, una mirada, el aleteo nasal se corresponden con la flor más bella que embriaga todos nuestros sentidos y nos sumerge en el universo de Bram Stoker. Nos dejamos seducir y ofrecemos nuestra yugular sin oponer resistencia. En cada uno de los 3 capítulos aguarda una sorpresa

En el piloto titulado "Las reglas de la bestia" exponen los códigos y leyes del Drácula original tan desvirtuados tras el paso de los años. A través de la exquisita narración ilustrada, el conde nos va acogiendo en su universo personal dejando un cliffhanger de caballo, y nunca un mejor paralelismo posible. 

Reflexivos, acogemos "Drácula" que como valor añadido tiene la capacidad de entretener. La serie nos alarma sobre las reglas de la bestia que todos llevamos dentro y que sólo puede entrar en nuestras vidas si la liberamos y la invitamos a acceder a nuestra esfera personal. El gatillo se dispara siempre desde el exterior es por eso que ningún humano es naturalmente malo o está enfermo al nacer. La corrupción nos seduce y se expande en cuanto bajamos la guardia y nos dejamos vampirizar por otros, buscando un interés egoísta. En lugar de obtener los beneficios que perseguimos, nos encontraremos con aquellos que no tienen nada que ofrecer y que vendrán a chuparnos la sangre hasta nuestra extenuación. El resultado será el más temido: nos convertiremos en muertos vivientes sedientos de nueva sangre porque nuestro interior habrá perecido.


Lo más abrumador y a la vez espeluznante es que el engaño puede ser entendido la primera vez, pero las siguientes serán responsabilidad nuestra. Cuidado con abrir la caja de Pandora y flirtear con el mal aunque sólo sea en una ocasión pues si ingresa es de forma permanente y una mordida basta para que su propagación tome velocidades exponenciales.

Agatha Van Helsing es una resistente, valiente audaz, de lengua sibilina y su figura es la alegoría del Bien en contraposición a la del Mal encarnada por Drácula. Reencontramos la tradicional y académica pugna de las fuerzas de divino designio. Dios contra Satán. La rivalidad entre los universos masculino y femenino, la humanidad contra la bestia.

El mal y su capacidad adaptativa a cualquier época constituye otro de los grandes temas en la literatura clásica. Agazapado en los más recónditos lugares, nos aguarda bajo la túnica más atractiva, las tentaciones más sórdidas o los más brillantes atuendos. Preparado para agasajarnos, listo para la adulación que nos proveerá de mieles y hieles.

Cuidado con la "brújula tenebrosa" de nuestro interior. Una vez se ha desatado y expandido, el mal toma posesión del norte guiándonos hasta y por cada uno de los 7 pecados capitales: la vanidad, la gula, la lujuria, la soberbia, la avaricia, la pereza y la envidia. Los unos decaen de los otros sucediéndose frenéticamente y ahogando cualquier resquicio de racionalidad.

Ciertamente, experimentamos una rotura de fondo y forma en el segundo capítulo, un inesperado corte de rollo. Confiábamos en seguir escarbando en los orígenes de nuestra oscuridad, indagar sobre el abandono a la seducción de los espejismos, de los placeres mundanos, de la facilidad. Queríamos y esperábamos otro tono, mayor profundidad y en cambio nos obsequian con un escenario y trama a lo "Sherlock Holmes". No nos disgusta el personaje de Sir Arthur Conan Doyle y en cuanto a entretenimiento se refiere, Sherlock nos pareció deliciosa. Lo que nos ocurre con Drácula es que no andábamos buscando una mera distracción y la dirección apuntada en el primer episodio parece toparse con un contra sentido en la senda marcada por el segundo. El juego mental que deriva nos parece endeble e impropio.

Los raíles que conducen a las cavernas donde se aloja la liberación de nuestro oscuro pasajero retoma su curso en el tercer y último capítulo. Un drácula más caústico pone el dedo en la llaga recordándonos amargamente lo afortunados que somos por tener tantas comodidades que ni siquiera apreciamos. Recuperamos la certitud de que en los detalles, en el deleite por lo cotidiano, en el vivir más concienzudamente reside el "alma máter" de la felicidad. Drácula nos obliga a ver desde otra perpectiva todo cuanto nos rodea.

"Sabía que el futuro traería maravillas, lo que no sabía es que las convertiría en ordinarias"

Somos una especie malcriada que ha nacido con toda suerte de comodidades que ni siquiera tienen valor alguno. Nos apropiamos de las mismas como si de derechos se tratara, los derechos adquiridos por el hecho de existir. 

"¿Qué son los derechos? Nadie tiene derechos ni hombre, ni mujer ni monstruo. Nadie en ninguna parte. Es una fantasía de locos"

Nos pasamos la vida agonizando por aquello que nunca poseeremos sin admirar lo que sí que está en nuestros dominios. Estamos ya enfermos de anhelos. Vendemos nuestro interior al mejor postor y nos dirigimos hacia los senderos que más despejados se nos aparecen. De espejismos construimos nuestras vidas. Bases falsas, falacias fáciles y así, democráticamente, creemos estar en posesión de lo justo y lo correcto sin tener en cuenta que somos guiados por la brújula tenebrosa:


"La democracia es la tiranía de los desinformados"

¿Será el mal la única manera para combatir el mal? La falta de escrúpulos así como la falta de compasión pueden servir para revertir las injusticias. Si utilizamos nuestro mal interior para hacer el bien, si todos los traumas y laceraciones sufridas son puestos al servicio de la justicia, ¿cabe esperar un rayo de esperanza para el futuro para la humanidad?

En definitiva, Drácula nos ha aportado más luz sobre las oscuridades del alma. Este es el estímulo que hallamos a lo ancho y largo de sus tres capítulos. Mantenemos el foco centrado en aquello que nos importa en la ficción: las múltiples líneas de lectura y la posibilidad de reflexionar sobre nuestras más íntimas cavernas. No nos dejamos seducir por las distracciones que Drácula nos pone en bandeja de plata siendo éstas diversas y variadas. No perdonamos las ofensas ni a los que nos ofenden. Nos libramos del mal, palabra de CEC y de nuestro espíritu.

 

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